Jin-Roh Soy un esclavo de mi mente. Ella decide por mí qué sentir, lo que debo hacer. Negarse significa dolor y la negación al cuerpo es el principio de la razón y la voluntad personal. Solo aceptando el dolor a palo seco, sin sedantes, a solas en el monte, empecé a pensar:

Contra toda autoridad. Contra toda autoridad. Contra toda autoridad.

¿Pero, dónde estaba Dios? Tal vez se escondía en las miradas de miedo de quien se cruzaba conmigo. Tal vez Dios era mi ansiedad, mi dolor, aquello que me obligaba a respirar, a comer, a desear…

Contra toda autoridad, contra el cuerpo, contra Dios, dejé de sentir nada que no fuera dolor, despertando aquella última frontera de Dios entre mí y la nada deseada: la locura. Pero es posible que la muerte como final de todo sea solo un concepto humano, no una posibilidad. Puede ser que tenga que volver a padecer hasta el infinito. Dios, el origen de todo, tenía la culpa, vivir para destruirlo sería lo único que me mantendría respirando, comiendo, deseando…